EL
PRÍNCIPE Y LA PÓCIMA DEL OLVIDO
Érase una vez un príncipe al
que le gustaba mucho ir a caminar por el bosque, todas las mañanas, nada más levantarse, salía de sus aposentos y se dirigía al bosque
donde le encantaba escuchar los pajaritos, observar los frutos que crecían en
cada época del año, recolectar algunos de ellos para el desayuno, era lo que más
le gustaba de su aburrido día, ya que después del desayuno tenía muchísimas
clases y actividades que le prepararían para ser el futuro rey ( clases de
inglés, de francés, montar a caballo…)
Una mañana siguiendo el vuelo de
una bandada de mariposas de mil colores, se alejó más de lo que acostumbraba de
palacio y cuando quiso volver no sabía por dónde. Empezó a caminar y a caminar,
pero por más que andaba no lograba llegar a ningún sitio conocido. De repente
vio a lo lejos un hermoso lago de aguas cristalinas, detrás del cual se
divisaba una cabaña de madera de la que salía humo por la chimenea. El príncipe
se puso muy contento ya que por fin encontraba a alguien que le pudiese ayudar
a encontrar el camino de vuelta a casa.
Tocó la puerta pero nadie
contestó, como estaba entreabierta la empujó un poco y se abrió, pasó
lentamente mientras que sus ojos se acostumbraban a la oscuridad de la cabaña y
cuando estaba dentro escuchó una voz: ¿quién te crees que eres jovencito? ¿quién
te ha dicho que pases?¿no sabes que soy la bruja verruga grande?¿no has escuchado
hablar de mí?
-
Perdone
señora, soy el príncipe Ulises, me he perdido en el bosque y no se volver a
casa, ¿podría usted ayudarme?
-
¿Has
dicho el príncipe?, claro que sí hijito, yo te llevaré de vuelta a casa, pero
primero toma este caldito caliente, debes tener mucha hambre y frío.
El caldito que la bruja verruga
grande dio de beber al príncipe, no era ni más ni menos que la pócima del
olvido. Cuando terminó de beberla, no sabía quién era, de dónde venía, no se
acordaba de nada.
La bruja le hizo salir de la
cabaña y le dejó en medio del bosque. El príncipe comenzó a caminar sin rumbo
hasta que se encontró a un búho, que llamó su atención: Hola, ¿dónde vas?, - no
se-, contestó el príncipe. ¿quién eres?, preguntó el búho, - tampoco lo sé-.
Bueno, estoy pensando, - dijo el búho- que como es muy tarde y pronto va a caer
la noche, te puedes resguardar debajo de este árbol, yo te cuidaré mientras
duermes y mañana te ayudaré a encontrar tu casa.
A la mañana siguiente cuando el
príncipe despertó, el búho le volvió a preguntar si recordaba quién era, pero
contestó que no. Así que comenzaron a pasear por el bosque y a los pocos pasos
encontraron una bandada de mariposas que comenzaron a revolotear sobre sus
cabezas y dijeron al búho: ¿dónde vas con el príncipe? -¿Cómo que el príncipe? – dijo el búho- Si, es
el príncipe Ulises, ¿nunca le has visto en el bosque?
El búho y las mariposas
llevaron al príncipe hasta el palacio, donde todos les recibieron con gran
alegría, ya que estaban muy preocupados desde el día anterior, no habían parado
de buscarle sin conseguir ninguna pista. Pero el pobre Ulises no lograba
recordar nada por más que lo intentaba.
Entonces el búho recordó y
contó al rey: ¡ya sé que le pasa al príncipe! en el bosque, a la otra orilla
del lago, vive la bruja verruga grande, famosa por su pócima del olvido, creo
que Ulises ha bebido de ella y por eso no logra recordar nada. La única forma
de acabar con el hechizo es traer hasta aquí a la bruja y tirarle cien veces de
las orejas.
El Rey mandó a 50 de sus
hombres hasta la cabaña de la bruja, y en pocas horas estaban de vuelta con ella,
que se retorcía y gritaba. La pusieron delante del príncipe y le tiraron hasta
cien veces de las orejas, y justo en el tirón número cien, el príncipe recuperó
su memoria.
El Rey mandó encerrar a la
bruja en las mazmorras del castillo para que no volviera a hacer de las suyas.
Y desde ese día el príncipe Ulises pudo disfrutar tranquilo y en compañía del
búho de sus largos paseos por el bosque.
Y colorín colorado, este cuento
se ha acabado.
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